Con vuestro permiso hoy quiero recomendaros algo diferente pero que pienso que os puede interesar igualmente.

Ya os he dicho en alguna ocasión que me encantan las fotos, vivo con una cámara a cuestas, aunque debería plantearme mejorar la técnica, pero hasta ahora me he conformado con mis escasos conocimientos.

Me gustan las fotos porque son un recuerdo de tu historia. La memoria lamentablemente se deteriora con el tiempo, y si además la tienes de pez como yo, peor que peor… Por eso siempre he hecho fotos y además las he impreso. Durante mi adolescencia, las paredes de mi habitación no estaban cubiertas de posters de Hombres G, Eros Ramazzotti, Bon Jovi o George Michael, mis paredes las cubrían cientos y cientos de marcos Hoffman con fotos.

Recuerdo que mis pagas salariales volaban con los revelados, aunque siempre intentaba aprovechar cuando mi padre tenía que recoger sus fotos para que cogiera las mías… 😉 Los álbumes eran mi entretenimiento, llevo haciendo álbumes desde que tengo 14 añitos, aunque ahora los hago digitales. En casa de mi madre tengo un montón, y como prueba le hice una foto a la estantería de mi antigua habitación  (Mamá, cuidadín cuidadín, que aunque hayas convertido mi antigua habitación en tu taller de manualidades 👿 , los álbumes son intocables, mi tesoro! ).

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Las nuevas tecnologías han disparado el número de aficionados a la fotografía, sobre todo desde que los móviles se usan más para fotografiar que para hablar. Si os soy sincera me he negado hasta hace muy poquito a usar el móvil como cámara. No hace mucho salía de mi boca un comentario como este “no sé porque quiero un móvil con más pixeles, para algo tengo mi cámara”. Y sí, entiendo la réplica de muchos “el móvil lo llevas siempre encima, la cámara no”. Pero es que en mi caso eso no es así, me olvido más veces el móvil que la cámara. Olvidarme de la cámara ha sido siempre algo impensable, solo me ocurrió una vez el año pasado a un viaje a St Jean de Luz y no sabéis lo que fliparon mis amigas y la rabia que tuve yo (por supuesto y sin tanto drama, también me olvidé el móvil… ^^’ )

En fin, ¿por qué os cuento todo? Pues básicamente porque hablo más que la vecina del quinto… pero además porque desde que Toni, cansado de los móviles baratos que me compraba que se quedaban sin batería en dos horas, se rompían con mirarlos, se bloqueaban, y un largo etcétera, me regaló por mi cumpleaños un Iphone, mi primer móvil decente (en el año 2014!!). Y con él, me he aficionado a Instagram (soy @Mallorkids si queréis seguirme). Todo un descubrimiento porque oye… qué divertido es eso de compartir fotos!!! Y además ¡qué cantidad de aplicaciones para Instagram hay! te hacen creer que hasta eres buena fotógrafa. Y bueno, debo reconocer que pese a mis críticas, tampoco son malas las fotos que hace este aparatejo!!. Aunque aún estoy lejos de sacarle el partido que le sacan muchos porque para mí el móvil no es un imprescindible en mi vida y a veces hasta me molesta su presencia.

Bueno, pues el otro día descubrí una aplicación/web muy chula, donde puedes convertir tus fotos favoritas de Instagram en imanes para la nevera (lo que me faltaba ya!). Hay varias aplicaciones, yo ya he probado dos, pero puesto que una de ellas me han concedido un 15% de descuento para amigos y familiares, he pensado que os puede interesar, y además de ese descuento a mí me dan créditos para llenar mi nevera de más imanes!!. ¡Ganamos todos! – Toni, empieza a buscar sitio para otra nevera que ésta se queda sin superficie en breve 😮

La aplicación es STICKY9 (antes Stickygram). Y para aprovecharos del descuento solo tenéis que incluir el código FRIENDXAKN cuando hagáis vuestro pedido. Por 9 imanes os saldrá por 9,34€.

Una vez que hagáis vuestro primer pedido, os proporcionarán vuestro código descuento para amigos y familiares, y así podréis obtener créditos como yo.

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